Tres noches en una hostería de montaña, a media hora del centro de Bariloche. Llegué un jueves a la tarde, con la calefacción ya encendida y la habitación ventilada. Antes de sacar conclusiones, revisé lo de siempre: cómo se siente el colchón al sentarse, cuánto tarda el agua caliente, si la calle se escucha de noche.
El colchón tenía un año y se sentía firme, sin hundimientos en los bordes. La calefacción por radiadores calentaba parejo, sin ese golpe de calor de los aires acondicionados. La presión de agua se mantuvo estable incluso a las siete de la mañana, cuando todos se duchan a la vez.
El desayuno era casero, con pan del día y mermeladas de la zona, servido entre las ocho y las diez. El wifi llegaba bien al cuarto, pero se caía en el salón común cuando había mucha gente. La calle tenía poco tránsito de noche, aunque los fines de semana se escuchaban voces hasta la medianoche.
Es una buena opción si buscás silencio y caminatas cerca, y no tanto si necesitás estar a pasos del centro. Anoté la fecha de la visita y un precio orientativo en pesos al margen, junto al consejo de siempre: reservá directo con el hotel y preguntá por la orientación del cuarto.